
Algunos aviones dejaron sus huellas en la Segunda Guerra Mundial. Es el caso del PBY Catalina, que vivió su época dorada protegiendo el transporte marítimo de los ataques de los submarinos alemanes.
Fue también un Catalina de la RAF el que localizó el acorazado alemán Bismarck, y un Catalina de la Armada estadounidense el que avistó a la flota japonesa rumbo a Midway.
Catalinas, con la bandera francesa, participaron en las guerras de Indochina y Argelia, y algunos terminaron en otros cielos.
El Catalina…
El Consolidated PBY Catalina tiene sus orígenes en un pedido emitido en 1933 por la Marina de los EE. UU. para un hidroavión de patrulla de largo alcance.
Las letras PB significan Patrol Boat y la letra Y es la asignada a Consolidated Aircraft en la lista de proveedores de la Armada a partir de 1922. En cuanto al nombre Catalina, este proviene de un procedimiento británico que asignaba nombres de áreas costeras americanas a aviones de patrulla provenientes de los EE.UU. Santa Catalina es una pequeña isla frente a la costa de Los Ángeles, California.
Para la versión producida por Canadian Vickers, los países del Commonwealth solían nombrar a las aeronaves de patrulla con nombres de ciudades, pueblos o aldeas: Canso es un pequeño pueblo pesquero de Nueva Escocia.
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas estadounidenses se enfrentaron a un excedente de material diversos, y el Catalina no fue la excepción. Esto le dio un nuevo impulso, tanto con las fuerzas armadas en Latinoamérica como con las aerolíneas del Pacífico: Air France, TRAPAS (Transports Aériens du Pacifique Sud), RAI (Régie Aérienne Interinsulaire), Qantas y Ansett Flying Boat, por nombrar las principales.
Algunos Catalinas y Canso también fueron convertidos en bombarderos de agua, no solo en Estados Unidos y Canadá, sino también en Francia, para el servicio de Seguridad Civil.
… en Chili.
Fue un PBY Catalina de la Fuerza Aérea de Chile, bautizado Manutara y con el número 405, el que realizó el primer vuelo a Isla de Pascua los días 19 y 20 de enero de 1951.
Este vuelo, de aproximadamente 19 horas y 22 minutos de duración y con el capitán Roberto Parragué como piloto, unió por primera vez el continente sudamericano con la isla chilena del Pacífico.

Los primeros aviones PBY Catalina fueron entregados al Grupo de Aviación N° 2 de la Base Aérea de Quintero a fines de junio de 1943, y el último fue retirado del servicio en septiembre de 1963.
Pero esto no marcó el fin del Catalina en Chile. Tras su retiro de la Fuerza Aérea de Chile en mayo de 1959, Roberto Parragué fundó la empresa Parragué e Hijos Ltda. con el objetivo principal de establecer vuelos comerciales entre Santiago de Chile y la isla Juan Fernández con el fin de establecer traslados de pasajeros entre ambos puntos, y abastecer a los distribuidores de Santiago con langostas y otros productos de la isla. También propuso una conexión con la Isla de Pascua y Tahití.
En aquella época, la compañía contaba con dos PBY-6A con matrículas CC-CNP y CC-CCS y, ante la perspectiva de contratos para la extinción de incendios forestales, era necesario contar con aeronaves adicionales.
Unos aviones franceses.
A raíz de una oferta de compra realizada en 1973 al gobierno francés por uno de los aviones PBY Catalina almacenados en el aeropuerto de Faa’a en Tahití, este último le donó los tres bimotores por un dólar simbólico, en agradecimiento por su papel en el fortalecimiento de los lazos entre Chile y Tahití. Él fue igualmente condecorado con l’ordre national du Mérite de Francia.
Esta donación tenía una condición: los aviones no podían salir de Tahití en vuelo, por lo que el traslado se realizó en barco.
Estos tres aviones procedían de la SLPAC (Sección de Enlace del Pacífico) y habían sido utilizados entre 1964 y 1971 para efectuar transporte de pasajeros a los atolones periféricos, mercancías, evacuaciones médicas… y más en general para las operaciones del Centro de Experimentación del Pacífico, a pesar de la falta de infraestructura portuaria en estas zonas.
El primero es una versión canadiense Vickers OA-10A, con número de construcción CV-520. Fue entregado desde Canadá y equipado como transporte por el CIP de Papeete, con matrícula F-YCHA y número de casco 20*.

El segundo avión es un OA-10A (CV-332), también construido por la canadiense Vickers. Entregado en 1966 por UTA a CIP y matriculado F-YCHB, número de casco 32, era reconocible por sus puertas de doble bisagra que daban acceso a la cabina de pasajeros.


Este Catalina participó en el rodaje de la serie de televisión «Les Chevaliers du ciel» (temporada 1968-1969), basada en el volumen «Destination Pacifique» de las aventuras de Tanguy y Laverdure.


Una referencia a este episodio salió también en el comic intitulado ‘’Catalina mi amor’’ del autor francés Gilles Durance.


- La numeración de los cascos chilenos seguía generalmente el sistema empleado por la Aviación Naval Francesa: el número que identificaba cada aeronave se tomaba de los dos últimos dígitos del número de serie o de construcción.
Así, el CC-CDS, número de construcción CV-281, debería haber tenido el número de casco «81», el CC-CDT, número de construcción CV-332, el número «32», y el CC-CDU, CV-520, el número de casco «20».
Sin embargo, para evitar confusiones durante las transmisiones de radio entre los números 6 y 8 (estos números correspondían a dos regiones del territorio chileno), fue necesario reemplazarlos por un 3 (correspondiente a la tercera región, que nunca sufre incendios forestales debido a su naturaleza desértica).
Los cinco hidroaviones de la flota fueron finalmente identificados de la siguiente manera: - CC-CDS con el número 31 en lugar del 81,
- CC-CDT con el número 32 (el único que mantuvo su número original),
- CC-CDU con el número 33 en lugar del 20,
- CC-CCS con el número 34 en lugar del 79 (debería haber recibido el número 39, pero este habría sido un número completamente fuera de secuencia…)
- CC-CNP con el número 35 en lugar del 65.
El tercero es el Canadian Vickers Canso A, antiguo avión 11003 (CV-281) de la Real Fuerza Aérea Canadiense. Fue utilizado como bombardero de agua en Canadá matriculado CF-UKR; la Marina Francesa con matrícula F-ZBAX ‘’81’’ y posteriormente la Protección Civil francesa como F-ZBAX (Pelícano Gris). Tras su reacondicionamiento en la UTA, recibió el indicativo de llamada F-YEIC y el número de casco 81.

Estos tres hidroaviones fueron embarcados en el carguero chileno Buque Andino en agosto de 1973 para su viaje al puerto de Valparaíso, Chile, y luego remolcados por mar a Quintero poco antes del 11 de septiembre de 1973. Después de revisiones y reparaciones necesarias por problemas de corrosión, fueron entregados a Santiago, volando desde la base de Quintero: CC-CDS, ex-F-YEIC, en abril de 1974; CC-CDU, ex-F-YCHA, en octubre (realizando así su único vuelo en Chile antes de ser utilizado como fuente de repuestos debido a la corrosión significativa); siendo ulteriormente entregado en donación al Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio en Santiago de Chile;


y finalmente CC-CDT, ex-F-YCHB, en marzo de 1975.
El fin de la flota
Con el paso de los años, las operaciones de la compañía, que se convirtió en ASPAR, se hicieron menos frecuentes, aunque un contrato los llevó a España en 1988-1989 y a Portugal a finales de los 90.
Esta dio la oportunidad de realizar uno de los últimos grandes vuelos en ferry, saliendo desde Santiago el 25 de junio de 1988, vía Mendoza-Asunción- Brasilia- Recife-Dakar- Las Palmas de Madrid, y llegada a Zaragoza el 8 de julio.
De las cinco aeronaves anfibias utilizadas a lo largo de los años, el 31/CC-CDS sufrió un accidente el 8 de abril de 1979, con pérdida total y tres fallecidos. El 32/CC-CDT se encuentra estacionada en el Aeropuerto Internacional de Santiago. El 33/CC-CDU se exhibe en el Museo Aeronáutico de Santiago, pintada con los colores del «405 Manu-Tara». El 34/CC-CCS fue vendido a Australia y rematriculada como VH-PBZ, al igual que el 35/CC-CNP, que se convirtió en VH-CAT.


Para regresar al CC-CDT, éste permaneció inactivo durante muchos años; las únicas oportunidades de verlo fueron durante las ediciones de 2006, 2010, 2012 y 2014 del salón aeronáutico internacional FIDAE.
El proyecto de una película que narra el histórico vuelo del Manutara a la Isla de Pascua ofrecía la esperanza de volver a ver un Catalina volar en Chile. El rodaje inicial comenzó en 2011 en la región de Santiago y en la Isla de Pascua.
Para recrear los momentos de tensión y expectación a bordo, se construyó una maqueta a escala real y se colocó en uno de los hangares de la Base Aérea Los Cerrillos.





El plan era filmar tomas aéreas con el CC-CDT, pintado con los colores del «405». Para ello, se le realizó un mantenimiento exhaustivo antes de volver a estar en servicio. Desafortunadamente, y por razones que desconozco, este regreso al vuelo nunca se concretó, ni tampoco los planes para su venta en el extranjero.
Pero la esperanza persiste, y la perspectiva de verlo volar en Sudamérica o en otros lugares, y también de poder admirarlo en un museo de aviación, inspira a muchos chilenos.






Michel Anciaux
Fuentes de Informaciones
es.wikipedia.org.
Entrevista con Gonzalo Parragué Opazo
Monografía del MNAE: El avion Consolidated PBY Catalina en Chile
